Deepfakes

Los muertos no dan permiso

Los deepfakes abren una pregunta nueva: quién puede autorizar el uso de la voz y el rostro de quienes ya no pueden consentir.

Anillos concéntricos sobre papel envejecido atravesados por una línea punteada terracota
Cartografía editorial de la serie Netiqueta.

Lectura editorial

La idea central

El caso de videos falsos de Martin Luther King sirve para exponer una brecha decisiva en el consentimiento digital: las personas vivas pueden autorizar el uso de su rostro, mientras la protección de quienes murieron suele depender de una petición posterior de sus representantes. Las leyes de publicidad protegen ciertos usos comerciales, pero responden mal cuando la lesión consiste en atribuir palabras, gestos o posiciones inexistentes. La columna distingue además propiedad heredable y autoridad moral sobre una voz. Su preocupación principal alcanza a cualquier familia con archivos suficientes para clonar a un ser querido y sin recursos jurídicos para reaccionar a tiempo.

Esta reseña fue preparada para el sitio oficial. La columna completa se conserva en sus medios de publicación originales.

Publicaciones originales

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La versión íntegra fue publicada por Al Poniente y se encuentra también en El Cotejo. Ambos enlaces abren el texto en su medio correspondiente.

Fuentes mencionadas

Referencias para profundizar

Una selección de documentos, investigaciones o artículos citados en la columna.