Las diez reglas, otra vez
Treinta años después, algunas reglas de la netiqueta murieron de éxito, otras se volvieron ley y una exige ser reescrita.
Autoría e IA
La primera norma de la netiqueta pedía recordar que hay un humano del otro lado. Treinta años después, el problema es probar que uno lo es.

Lectura editorial
Esta columna revisa cómo la expansión de la inteligencia artificial generativa invirtió la primera regla de la netiqueta. Antes bastaba con recordar que detrás de la pantalla había una persona; ahora quien escribe siente que debe demostrar su humanidad mediante imperfecciones. El miedo a parecer automatizado convierte signos de puntuación y textos pulidos en pruebas sospechosas, aunque nada digan sobre su autoría. La cuestión decisiva no es cuánto intervino una herramienta, sino si alguien leyó, pensó y asumió el mensaje. La responsabilidad personal, más que una estética deliberadamente torpe, sostiene la confianza entre remitente y destinatario.
Esta reseña fue preparada para el sitio oficial. La columna completa se conserva en sus medios de publicación originales.
Publicaciones originales
La versión íntegra fue publicada por Al Poniente y se encuentra también en El Cotejo. Ambos enlaces abren el texto en su medio correspondiente.
Fuentes mencionadas
Una selección de documentos, investigaciones o artículos citados en la columna.