La cortesía que hubo que legislar
Treinta años separan la netiqueta de 1995 de las nuevas obligaciones de transparencia para la inteligencia artificial.
Consentimiento
Aprendimos a pedir autorización antes de encender el transcriptor. Aún no tenemos la misma cortesía para el tiempo ajeno.

Lectura editorial
El texto observa una paradoja cotidiana: las personas ya solicitan consentimiento para activar transcriptores automáticos, pero siguen imponiendo notas de voz extensas o llamadas inesperadas sin considerar la disponibilidad ajena. Las alertas legales, profesionales y de privacidad hicieron visible el riesgo de grabar; en cambio, el costo de interrumpir o consumir atención permanece difuso y recae silenciosamente sobre quien recibe. La ansiedad telefónica de muchos jóvenes aparece así como una demanda razonable de autorización, no como fragilidad. La netiqueta contemporánea debería proteger el recurso verdaderamente escaso: el tiempo, la paciencia y la atención de los demás.
Esta reseña fue preparada para el sitio oficial. La columna completa se conserva en sus medios de publicación originales.
Publicaciones originales
La versión íntegra fue publicada por Al Poniente y se encuentra también en El Cotejo. Ambos enlaces abren el texto en su medio correspondiente.
Fuentes mencionadas
Una selección de documentos, investigaciones o artículos citados en la columna.